Motivación, el camino rápido a la competitividad… o a no necesitar competir

Competir para mejorar es positivo pero sin olvidarnos de que los que compiten son personas.  El éxito está detrás de la labor que el líder haga con cada una de ellas. Esto es lo que marca la diferencia.

Desde finales del siglo pasado, hablar de competitividad en las escuelas de negocios era fundamentalmente hablar de Porter, de las 5 fuerzas de Porter, de las 3 estrategias de Porter y de un buen puñado de conceptos interesantes enunciados por él.

El currículum de Michael Porter es impresionante, ingeniero mecánico y aeroespacial, MBA por la HBS, doctorado y catedrático en la Universidad de Harvard y empresario, pero lo más importante es que, desde que publicó “Cómo las fuerzas competitivas moldean la estrategia” en el año 79, se convirtió en uno de los mayores gurús del mundo empresarial y el mayor en cuanto a competitividad.

El éxito de sus publicaciones le llevó a fundar en 1983 la empresa de consultoría The Monitor Group. Lo que es menos conocido es el hecho de que, tras varios años de dificultades, en 2012, The Monitor Group cayó en bancarrota y tuvo que ser absorbida. No deja de ser llamativo que el gran gurú de la competitividad solo consiguiera mantener viva su empresa apenas 30 años.

Digo esto, por un lado, para ilustrar que la competitividad no es fácil ni para el mayor de los expertos. Podemos redactar la mejor de las estrategias, pero luego la implementación es otra cosa.

La cultura se come a la estrategia para desayunar

Peter Drucker

Por otro lado, porque el riesgo de competir es perder, y porque competir no es la única forma de ser efectivos en el cumplimiento de nuestra misión, de hecho, podríamos decir que competir es solo una forma de sobrevivir cuando no se es suficientemente innovador. Tomemos el ejemplo de Tesla. ¿Tiene a día de hoy algún competidor? La respuesta claramente es NO. Lo mismo se podría decir de Amazon, Apple, Airbnb y otras muchas. Eso sí, en alguno de estos casos, tal vez todos, es una situación temporal.

La única ventaja competitiva sostenible en el tiempo es la capacidad de aprender más rápido que nuestros competidores.

Peter Senge

Ahora es cuando parece inevitable hablar de Innovación, de modelos de negocio disruptivos y de búsqueda de océanos azules. Pues no, primero lo primero; primero las personas.

Los que conozcan algo de “Lean Manufacturing” sabrán que es un modelo de gestión empresarial basado en eliminar 7 “mudas” o desperdicios, sobreproducción, exceso de inventario, desplazamientos evitables, tiempos de espera, exceso de procedimientos, defectos y transporte. Actualmente se habla al menos de 2 más, el desperdicio energético y el uso poco efectivo de las personas. Este último es el que me interesa porque es común a todas las organizaciones sin excepción y que yo trabajo con el método Harada.

¿Pensamos acaso que las personas están totalmente motivadas? ¿Estamos aprovechando todo su potencial? ¿No es razonable pensar que una mayor motivación puede llevarnos a una mayor productividad, más innovación y por tanto a una mayor competitividad?

 

Daniel Pink, en su libro “La sorprendente verdad sobre lo que nos motiva” apunta a 3 fuentes fundamentales de motivación, autonomía, maestría y propósito y desde mi punto de vista son un excelente punto de partida para cualquier acción en pro de la mejora de la motivación.

La autonomía es un motivador un tanto particular, ya que mientras un junior lo interpreta como un signo de confianza él, y sin duda esto es positivo, sin embargo, para el senior suele convertirse en un factor higiénico, es decir, no motiva, pero su carencia desmotiva como desmotivaría cualquier otro atisbo de desconfianza.

La maestría es el gran motivador intrínseco, a todos nos gusta ser buenos haciendo nuestro trabajo, y la única forma de ser buenos en tiempos de cambio es asegurarse de que somos mejores cada día. Conseguimos altos niveles de motivación cuando creamos un ambiente propicio para que las personas se desarrollen y puedan afrontar con éxito cada vez retos de mayor importancia o dificultad.

Por último, el propósito, el dirigir nuestros esfuerzos hacia la consecución de objetivos que van más allá de nosotros mismos porque están en perfecta sintonía con nuestros principios y valores. Esta es la razón por la que generalmente la gente dedica su tiempo a trabajar en ONG’s u otro tipo de tareas no remuneradas. Si se consigue un genuino sentimiento de equipo donde el liderazgo campa a sus anchas también se genera este tipo de motivación.

Vale, ya tenemos a todo el mundo motivado, ahora la pregunta es, ¿Estamos aprovechando al máximo sus capacidades?

_ Jefe, jefe, acabo de inventar la rueda que…

_ Lo siento chaval, estoy muy liado, tengo que arrastrar una pata de brontosaurio a casa del brujo.

Juan Díaz, coach de negocios en Impulso Coaching de Netocios, delegación Zaragoza.