¿QUÉ ME CALLO Y QUÉ DIGO?

¿QUÉ ME CALLO Y QUÉ DIGO?

Muy frecuentemente nos encontramos el problema de que un empresario o ejecutivo, en su papel de líder de un equipo, no sabe exactamente qué tipo de información debe transmitir a su gente y qué aspectos debe omitir u ocultar.

Según un estudio realizado en la Universidad de Santa Clara, la cualidad que más valoramos en nuestro líder es la HONESTIDAD.

Sobretodo esperan que tus actos se ajusten a la conducta moral y social apropiada para que no se vean en peligro de ser manipulados ni engañados por la persona en la que confían.

Pues bien, una característica de nuestra conducta cuando no es honesta es la ocultación. Intentamos con ello eludir el juicio, la crítica y el aislamiento que nos acarrearía la publicidad de nuestros actos inconfesables.

Por extensión caemos en la creencia de que todo lo que se oculta es deshonesto haciendo honor al refrán “piensa mal y acertarás”. Obviamente se trata de una falacia; un razonamiento incorrecto.

Con todo y eso tenemos que asumir, y no molestarnos por ello, que ante nuestro silencio o información sesgada se levante la sospecha de que no estamos obrando honradamente. La experiencia nos dice que normalmente es así.

Sabemos que hay cosas que no debemos comentar… pero, ¿Cómo saber el qué?

cruzar-los-dedosEl primer ejemplo es la mentira u ocultación piadosa  con la que tratamos de evitarle a alguien un daño innecesario.  Está socialmente tan extendida que incluso la doctrina católica la asume como una excepción al octavo mandamiento. Aunque también es cierto que durante mucho tiempo estuvo ampliamente admitida dentro de la medicina y que actualmente está desterrada…

La segunda es la mentira noble, la usamos cuando tratamos con ella de mantener la armonía en nuestro grupo y pensamos que no perjudica a nadie especialmente. Ampliamente admitida en la política, religión, ejército y la empresa.  Es de dudosa honestidad porque detrás de ella suele esconderse una manipulación, frecuentemente bienintencionada, o el intento de mantener una estructura elitista.

La tercera tiene que ver con la creación de expectativas inciertas.  Sucede que nuestro nivel de satisfacción va en función de la comparación entre lo que tenemos y lo que esperábamos obtener.

De tal manera que si nuestra información crea expectativas que luego no podemos materializar  lo único que estamos logrando es reducir el nivel de satisfacción de nuestro personal, y superado un cierto límite, de su compromiso con la empresa.

Esto es especialmente grave cuando las expectativas se crean sobre personas que queremos (hijos, pareja, etc.) porque la carga emocional nos hace ser mucho menos objetivos.

Es una de las razones por las que las negociaciones de conflictos sociales se deben llevar con discreción.  En caso contrario cada movimiento se convierte en una fuente de frustración de un sector y en un aumento de la presión sobre el negociador.  Cuando se hace una negociación con luz y taquígrafos suele ser porque no se está dispuesto a ceder nada.

Pero ¡OJO! Tampoco podemos caer en el error de no crear expectativas; para que nuestra gente se mueva y evolucione tienen que mantener un cierto grado de insatisfacción con lo que ya tienen. Una alta satisfacción puede llevarles a aspirar únicamente a mantener su situación y todos sabemos el desastre que supone esto dentro del competitivo mundo empresarial.

Así que, en gran manera, la cantidad y calidad de la información que un líder le pasa (o no le pasa) a su equipo hay que modularla en función de las expectativas que va a generar en sus miembros para que resulten motivadoras del cambio y no frustrantes. Siempre, claro, desde la más estricta honestidad…

¿Hasta qué punto restringimos nuestras mentiras u omisión de información a estos tres casos?

Pues la verdad es que lo que yo me encuentro más frecuentemente es que las cosas no se dicen por inseguridad en nuestra propia decisión, por no confrontarnos con una persona o situación que nos resulta incomoda (y consecuentemente tendemos a posponer) o directamente porque no estamos seguros de la repercusión que va a tener en el interlocutor… siempre el maldito e irracional miedo…

La cuestión es que la segunda cualidad más valorada en un líder es que sea COMPETENTE y esto no cuadra mucho con que transmitamos inseguridad ¿verdad?

¿Has sacado alguna conclusión para aplicar inmediatamente? Si es así habré logrado mi objetivo…

Sobre ésta y otras cuestiones  que favorecen el compromiso y la motivación en un verdadero equipo trataremos en la próxima  jornada que impartiremos en Ibercaja  el 19 de mayo “GESTIÓN   DEL   COMPROMISO   DE   TU  EQUIPO.  MOTIVACIÓN”  

Salvador Minguijón.

 

 

Un pensamiento en “¿QUÉ ME CALLO Y QUÉ DIGO?

  1. Pingback: LA HONESTIDAD DEL LÍDER | Delegación Aragón

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