La PYME, abandonada a su suerte.

Hinchando la burbuja del emprendedor y pinchando el globo del pequeño empresario.

No lo puedo remediar; me produce cierta desazón el esfuerzo de nuestros gobiernos en lanzarnos a emprender aprovechando la “motivación” que supone un nivel alto de paro y una baja tasa de cobertura del desempleo.

No es muy diferente del pasado empeño (fomentado también por facilidades fiscales a todas las partes implicadas) en que todos comprásemos un piso…¡¡O dos!!

Las consecuencias son similares, la mayoría de los nuevos emprendedores perderán sus ahorros y quedarán con deudas familiares o sin amistades después de haber trabajado como esclavos durante unos meses o años.

Mientras tanto, en una actitud ultra liberal (difícil de entender si no fuese porque Ángela Merkel vivió su infancia y juventud bajo un régimen comunista burocrático y desastroso y que su política se está aplicando a 2.000 km de distancia) hemos dejado caer, y continuamos haciéndolo, a multitud de pequeñas empresas que eran perfectamente viables si se les hubiese dado el apoyo financiero, de adaptación a la nuevas circunstancias, de estabilidad legal, etc. necesario. En algunos casos, los más dolorosos, si las administraciones simplemente hubiesen cumplido con sus compromisos de pago.

Si uno de los problemas que tienen las PYMES españolas es su reducido tamaño, las consecuencias de las políticas que se están aplicando es que continúan cayendo el número de las que tienen asalariados y son sustituidas por microempresas sin personal. No olvidemos que el 99,88 % (2013) de las empresas españolas son PYMES, es decir, prácticamente todo nuestro tejido empresarial.

Yo creo que si hubiese habido una política de apoyo similar a la de EEUU, nuestro paro habría saltado, debido al estallido de la burbuja inmobiliaria, de los 2 millones que teníamos en el 2007 hasta los 3,5 millones que alcanzamos a mediados del 2009. Pero es que estamos en 4,5 millones… de PERSONAS QUE NO TIENEN TRABAJO, a pesar de haberse reducido drásticamente la remuneración de la fuerza laboral.

Las debilidades no son tanto la financiación y la flexibilidad laboral, sino especialmente culturales. En gran parte debidas a los hábitos adquiridos (o no desarrollados) durante una década de crecimiento sostenido que nos permitía avanzar si éramos capaces de, simplemente, mantenernos a flote.

Mi experiencia trabajando directamente con las empresas es que la mayoría, que cuentan con años de existencia, pueden reconducirse sin grandes problemas apoyándose en las habilidades que ya tienen consolidadas y depurando mínimamente sus puntos débiles y que esto resulta, además, rápido y fácil.

Salvador Minguijón.

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