¿Tú tampoco tienes tiempo?

En mis comienzos profesionales, el Dr. Klein, a la sazón responsable de ingeniería del sistema de protección de un reactor nuclear, me desquiciaba cuando ante mis requerimientos de acción inmediata me contestaba invariablemente “Immer mit der Ruhe” (Mantenga la calma). Yo contaba hasta 10 (y algunas veces hasta 30 o 40) antes de mandarlo a donde todos ustedes sospechan y seguidamente pasaba a exponer los hechos. Tras unos segundos de aclarar detalles y considerar opciones, obtenía invariablemente el plan de acciones para resolver el problema.

Con el tiempo y cierto esfuerzo fui incorporando esta habilidad a mi repertorio. Todavía me resultan admirables las personas con las que he trabajado y que disponían de ella naturalmente; Walter Pelzer, Hermann Leyens, J.A. Bernad,  etc. Infatigables, supereficaces e incombustibles, tienen la habilidad de multiplicar el rendimiento de los recursos de que disponen.

Pero realmente fue mi hija la que me dio las pistas del origen del problema y su solución definitiva. Durante unos meses, cualquier emoción que ella sentía significaba “tengo hambre”,  No es algo extraño;  con 12 años, en pleno desarrollo y un sistema neuronal que solo se preocupaba de conseguir recursos para crecer, la sensación de tener hambre se convierte en algo tan habitual que prácticamente monopoliza los sentimientos de una persona. Es la época en la que si no les “echas de comer” te devoran. Era indistinto si estaba triste, aburrida, cansada, alegre o sencillamente le apretaban los zapatos, si su cuerpo sentía algo quería decir que “tenia hambre”.

Pues a mi me pasaba algo parecido, en lugar de “tengo hambre” mi sentimiento era “no tengo tiempo”.

– Ciertamente la gestión de una producción dispersa, geográfica y tecnologicamente, en un sector tan exigente como el automóvil y con 400 personas generaba muchos problemas…

– Si los problemas no se solucionaban en su raíz y pronto, se acumulaban…

– La acumulación de problemas me generaba angustia…

– La angustia estrés…

– El estrés adrenalina…

– La adrenalina la tendencia a hacer cosas frenéticamente…

– La adrenalina la imposibilidad a detenerse a pensar en como solucionar los nuevos problema de raíz y prontamente…

¿Por qué caía en este círculo vicioso? Sencillamente porque la adrenalina nos produce cierta adicción “trabajamos mejor bajo estrés” así que adquirimos el habito de “ponernos la pilas” al principio de la jornada laboral y “desconectarnos” al final, no tenemos en cuenta que bajo estrés y cargados de adrenalina no podemos pensar fríamente.

Resumiendo; si estás “angustiado por los problemas” no te dejes engañar por tu bioquímica, tomate el tiempo y la calma necesarias para recapacitar, decidir y trazar un plan. Luego, si quieres, vuelve a tu dinámica diaria de acción, adrenalina y estrés, pero no olvides reservarte espacios para pensar tranquilamente… y… ¿que mejor que hacerlo con un coach de negocios profesional?.

 

Salvador Minguijón.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s